Los últimos hechos en Moquegua no han servido más que existe en el gobierno un ala peligrosamente enemiga del diálogo y la concertación. Si bien el general PNP Alberto Jordán fue quien dirigió directamente el fallido operativo de desbloqueo de la carretera Panamericana Sur, él es a su vez un subordinado en la cadena de mando encabezada por el ministro del interior Luis Alva Castro. Si nos ceñiños a la lógica de las jerarquías, la ¨humillación¨ del general Jordán ha sido también la humillación de Luis Alva Castro y con él, del gobierno.
El general Jordán ha sido removido por tener capacidad de decisión acertada en momentos de extrema tensión. Ha sido removido también por fomentar el diálogo. Ha sido removido por no arriesgar su vida y la de sus subordinados. Entonces, si el general Jordán hubiera iniciado un enfrentamiento feroz, entre sus hombres y los manifestantes, que hubiera terminado con un considerable número de muertos (entre los cuales podría estar él mismo) probablemente sería hoy un héroe nacional. Si ese es el razonamiento del gobierno significa que el general Jordán estuvo en lo cierto todo el tiempo, y es mil veces mejor ser calificado de cobarde y salvar vidas; que ser vanagloriando como héroe y derramar sangre.
El gobierno se ha mostrado una vez más incapaz de generar una autocrítica necesarísima en este tipo de situaciones, y más necesarias aún si tomas en consideración que pronto vendrán más paralizaciones y movilizaciones de protesta desde distinos actores y regiones. Esta vez no solo se trata de criticar la incapacidad del gobierno de reconocer sus propios errores, no es una cuestión de mala actitud. Se trata de aprender de importantes experiencias que deberían servir para construir. Construir más actitudes como la del general Jordán y menos actitudes como las del gobierno de turno.